Un Hecho Historico Para Recordar (10 min)


La "Patrulla Soberanía" abrió los cielos polares a las alas argentinas

Epopeya de trascendencia Nacional, Histórica y Geopolítica protagonizada por argentinos, que, viviendo en pequeñas carpas, en una zona extremadamente inhóspita, contando solo con picos, palas y trabajando con esfuerzo, garra y coraje, abrieron un surco de tierra en el Desierto Blanco para permitir operar aviones de gran porte con tren de aterrizaje convencional, es decir con ruedas.

Así fue como nuestros compatriotas, integrantes de la Patrulla "Soberanía", rompieron el aislamiento con el Continente Antártico. A partir de entonces se abrieron rutas en sentido transpolar, la Antártida es un pedazo más de nuestra Patria, allí viven familias, nacen argentinos y se continúa esa obra, con el mismo esfuerzo y sacrificio, que pusieron siempre, nuestros antárticos.

En la Sala General, el Museo del L.A.M. posee un espacio dedicado a conmemorar esta epopeya. 
El uniforme completo de expedicionario antártico, fue donado por el Com. (R) Francisco Florencio Mensi, siendo uno los integrantes de la Patrulla Soberanía, quién con el grado de Teniente integró esta Patrulla  en el año 1969, habiendo sido desplegado el año anterior: 1968 a la Base Matienzo.     
                                                                      
Fuente: http://www.marambio.aq/premail.html. 

Patio del Libertador: Gral José de San Martín

Busto eregido en el Patio Institucional que lleva su nombre. L.A.M.

El Libertador nació el 25 de febrero de 1778 en Yapeyú, que actualmente forma parte de la provincia argentina de Corrientes. En 1781, la familia San Martín -el padre, la madre y cinco hijos, de los que cuatro eran varones- estaba radicada en Buenos Aires. A fines de 1783, todos emprendieron viaje a España , haciéndolo a bordo de la fragata Santa Balbina. Arribaron al puerto de Cádiz en la segunda quincena de marzo de 1784.

José de San Martín, después de realizar estudios elementales en Málaga, donde se había establecido su familia, se incorporó en 1789 como cadete al Regimiento de Murcia, del arma de infantería.

Mientras formó parte del ejército real con guarnición en España, combatió inicialmente en África contra los moros (árabes islámicos que habitaban en el norte de ese continente) y después lo hizo en Europa o en los mares vecinos, en guerras sostenidas con Francia, Inglaterra y Portugal. Esto determinó su participación en treinta y una acciones bélicas.

Por su actuación en la famosa batalla de Bailén, donde resultaron batidas las legiones invasoras del emperador Napoleón I, fue ascendido al grado de teniente coronel y condecorado con medalla de oro, alto timbre de honor del ya por entonces destacado militar rioplatense.

Por este tiempo, en que pasó a ser oficial de caballería, San Martín se vinculó a otros jóvenes americanos, residentes en la Península, que forjaban planes de independencia política para las respectivas regiones de su nacimiento. En 1811, pidió y obtuvo su retiro del ejército real, dejó España por la vía de Portugal y se trasladó a Londres, donde esperaba concretar su propósito de pasar a América.

Corrido el tiempo, San Martín evocaría en varias ocasiones esta etapa de su vida.
Así, en 1848, escribió lo siguiente: “yo serví en el ejército español, en la Península, desde la edad de trece a treinta y cuatro años, hasta el grado de teniente coronel de caballería. Una reunión de americanos en Cádiz, sabedores de los primeros movimientos acaecidos en Caracas, Buenos Aires, etc., resolvimos regresar cada uno al país de nuestro nacimiento, a fin de prestarle nuestros servicios en la lucha, pues calculábamos se había de empeñar".

Cómo era San Martín
San Martín repartió su tiempo en ejercer el gobierno civil de Cuyo y en organizar el Ejército de los Andes, cuyo campo de instrucción estaba en el Plumerillo, cercano a la ciudad de Mendoza. 

De un lugar a otro se trasladaba montando "un caballo negro, rabón, de trote largo". Su vestimenta -escribió Damián Hudson- era muy sencilla, pues usaba "pantalón de punto de lana, azul, ajustado a la pierna, bota granadera, un largo sobretodo de paño del mismo color en invierno, casaca larga de igual tela en el verano, con botones de metal dorado, corbatín de seda o de cuero charolado, sombrero militar forrado en hule".

Su estatura era de 1,70 m, aproximadamente, pero impresionaba como tanto o más porque estaba siempre erguido, con presencia castrense. El rostro se mostraba moreno, ya por coloración natural de la piel, ya por la huella que en él había dejado el servicio prestado a campo abierto. La nariz era aguileña y grande. Los prominentes ojos negros no permanecían nunca quietos y eran dueños de una mirada vivísima. Poseía una inteligencia poco común y sus conocimientos iban más allá de los propios de una estricta formación profesional.

De maneras tranquilas y modales que revelaban esmerada educación, según los momentos era dicharachero y familiar, severo y parco, optimista y dispensador de ánimo para quienes lo habían perdido o vacilaban. Nadie pudo ni podrá tacharlo de indiscreto, llegando en ocasiones a ser, por necesidad, casi críptico o disimulador sin mentira. Profundamente reservado y caluroso en sus afectos, de él dijo Mitre que "era observador sagaz y penetrante de los hombres, a los que hacía servir a sus designios según sus aptitudes".

https://sanmartiniano.cultura.gob.ar/noticia/jose-de-san-martin-libertador-de-america/. Recuperado 29.04.20

Efémerides: Primer Cruce de la Cordillera de los Andes en Globo Aerostático

En el año 1915, Angel María Zuloaga, teniente 1º del Ejército, que con el tiempo se convertiría en uno de los grandes propulsores del desarrollo aeronáutico, y Eduardo Bradley, piloto de aviones y aerostatos, acordaron intentar por primera vez el cruce de los Andes en globo.

Recuerda Zuloaga: tuvimos especialmente en cuenta la elección del material, los antecedentes meteorológicos de América del Sur, y en particular la zona andina, imponiéndonos un plan de estudios que comprendía: dirección e intensidad de las corrientes de aire y sus propiedades físicas a diferentes alturas a partir de 5.000 metros, radiación solar, temperatura, humedad y otros fenómenos. Además, ambos tripulantes nos sometimos a esmeradas observaciones psicofísicas".

Los científicos Jorge Wiggins y H.H. Clayton, del Instituto Meteorológico Argentino; el destacado profesor del Instituto Geográfico Militar, doctor Guillermo Shulz; el especialista en medicina de aviación, doctor Agesilao Milano, y el sabio Gualterio Knoche, director del Instituto Meteorológico de Chile, colaboraron en la empresa.

Los pilotos habían considerado conveniente adoptar un globo esférico con capacidad para poder ascender por lo menos 9.000 metros, el cual debía ser inflado con gas hidrógeno, cuya fuerza ascensional es, prácticamente, de 1.100 gramos por metro cúbico.
En aquel momento ya resultaba indispensable obtener la autorización del gobierno argentino para trasladar los complejos elementos destinados a tornar factible la empresa. 

Lograda, Bradley y Zuloaga se trasladaron a Santiago de Chile, llevando consigo dos globos, uno para pruebas, de 1.600 metros cúbicos de capacidad, y el fiel Eduardo Newbery, de 2.200 metros cúbicos, para la realización del vuelo definitivo.

A las 8.30, todo estaba listo. Una atmósfera despejada y un sol radiante, luego de varios días de tempestad, les otorgaban confianza. Liberado, el Eduardo Newbery, que era sostenido por varios ayudantes, se elevó majestuosamente. Desde la canastilla, Bradley y Zuloaga recibieron el afectuoso saludo de "¡Adiós, cabezas duras!".


La gran travesía: El cruce de los Andes en globo


Luego de quince minutos el globo había alcanzado gran altura, y a los 6.500 metros, los pilotos recurrieron al uso de oxígeno, mediante el empleo de caretas especiales. Otros 500 metros, y entraron en una corriente huracanada, en dirección a la Argentina. Se hallaban en plena cordillera. "Sentimos la emoción indecible de ver deslizarse a nuestros pies la parte más alta de la cordillera, con su inmaculado manto de armiño y sus dos gigantescos vigías: el Aconcagua y el Tupungato".

Poco después, ya sobre las nieves perpetuas, con la sola perspectiva del triunfo o la muerte, se vieron obligados a lanzar todo el lastre, y luego las provisiones de boca, el revólver, las municiones y el instrumental científico, con la sola excepción del barógrafo registrador de altura y temperatura, que había sido sellado por las autoridades chilenas y colocado sobre sus cabezas en el aro del globo: "Navegábamos en las regiones silenciosas de la alta atmósfera, carente de polvo, sin luz reflejada.

Recibíamos la luz directa y viva de un cielo azul y opaco. El espectáculo exaltaba nuestras almas. En presencia del espacio infinito, teníamos la sensación de acercarnos a Dios, y suspendidos allí entre el cielo y las nieves eternas, pensábamos en la tierra con vida y con la animación del hombre y nos parecía ahora otro mundo".

Mientras alcanzaban los 8.100 metros y soportaban una temperatura de 33º bajo cero, dejaban atrás los dos picos colosales y contemplaban el acogedor valle de Uspallata, con sus arboledas y su río.
A pesar de la pérdida de los elementos indispensables para un descenso normal, lograron aterrizar a las 12, hora chilena, al borde de un abismo, peligrosa situación de la que los sacaron algunos valerosos criollos llegados en mula desde Uspallata con el ingeniero Sorkin, del Ministerio de Obras Públicas, a la cabeza.

Poco más tarde, los Andes fueron sobrepasados una y otra vez por los aeronautas argentinos, pero la proeza de Bradley y de Zuloaga quedó registrada, por sus características, entre las más notables de su época. La bandera celeste y blanca, con un sol pintado en la franja del medio, que los acompañó, preside la sala "Angel María Zuloaga", de la Academia Nacional de la Historia, donde se conservan su extraordinaria biblioteca especializada y otros objetos que evocan sus esfuerzos y hazañas.[1]



[1] LA GACETA Literaria. El primer cruce de los Andes en globo- BUENOS AIRES. http://www.lagaceta.com.ar/nota/204424/la-gaceta-literaria/primer-cruce-andes-globo.html. Recuperada 19.06.16